Historias
Alimentar un cerebro maduro
Cómo la belleza y la estimulación sensorial acompañan la madurez.
El camino de la «Belleza»
Acompañar a las personas de edad es la responsabilidad más olvidada en el mundo en que vivimos. A menudo, nuestros mayores son los últimos a quien damos tiempo y atención, a ellos que nos han enseñado, nos han cuidado y se han ocupado de mantenernos a salvo durante los primeros años de nuestra vida.
La etapa vital de la vejez en un cuerpo ya experimentado lleva cicatrices internas y externas, pero también cuenta con un alma muy rica en un cerebro más reposado. Ya no es necesario procurar a esa alma madura los cuidados para su supervivencia, ni enseñarle a vivir, sólo necesita compañía. Eso es lo único esencial para la última etapa de la vida.
Acompañar a nuestros mayores necesita amor, seguridad, y también lo que posiblemente hayamos pasado por alto: estímulos. El cerebro reposado no necesariamente es un cerebro que se apaga; sino que funciona a un ritmo y una escala distintos. Muy distinto a un cerebro joven.
Solíamos creer que el cerebro anciano era, sobre todo, un cerebro desgastado, que había perdido frescor con el paso de los años. Que se cansa antes, que se distrae, que olvida, incapaz de crear nada nuevo. Sin embargo, hoy sabemos que eso es tan sólo verdad a medias. Hasta bien entrada la vejez, el cerebro conserva la capacidad de crear conexiones nuevas, o sea, puede aprender y reorganizarse. Sin embargo, ¿con qué frecuencia invitamos a nuestros mayores a hacer algo nuevo?
Sin darnos cuenta, es habitual que dejemos que el mundo de los ancianos quede reducido a la repetición: mismos lugares y escenarios, mismos temas de conversación y mismas rutinas, todos los días. Someter a un cerebro a tal repetición significa privarle de ejercicio saludable para mantenerse en forma, no por incapacidad, sino por falta de oportunidad.
Podemos alimentar un cerebro maduro de forma muy sencilla: con belleza. Y con belleza, no me refiero únicamente a la estética, sino a todo aquello que nos intriga o nos conmueve, que nos llega dentro: una canción que perdura en los años, una nueva fragancia o un color bien elegido, un paisaje o una textura sorprendente, el cuidado de una caricia. Todo ello son ejemplos de activadores del cerebro distintos a la información rutinaria y neutra, implican memoria, activación de los sentidos y conexión con emociones. Así regamos más parcelas y los nutrientes se absorben por más superficie de sus raíces.
Inundar de belleza la vida de nuestros mayores es un gesto de amor, no se trata de un lujo superficial. Es la manera más eficaz de estimular cognitiva y emocionalmente su cerebro. Observar una obra de arte, disfrutar de una melodía o canción que evoque el recuerdo, oler las rosas o tocar una suave manta de pelo o una mascota son experiencias que activan conexiones neuronales distintas a las de la rutina.
Aunque el cerebro maduro no logre siempre recuperar la palabra precisa al expresarse o falle la memoria, sigue aún habiendo un camino hacia la información, el camino de los sentidos. La vista, el oído, el gusto y el tacto siguen siendo capaces de llegar al núcleo del conocimiento. Todas esas vías siguen posibilitando el acceso al conocimiento. Aunque la palabra tarde. Alimentar un cerebro anciano con belleza en los cinco sentidos, mantiene las vías de acceso al conocimiento despejadas. Una agradable conversación, una caricia amable o una bonita canción, son trabajos de mantenimiento de los caminos de acceso a la información. La vía multisensorial, deviene un idioma que sigue entendiendo.
Y no me refiero a cambiar la palabra por una mantita, es más bien una ampliación del repertorio, se comunica por la palabra, pero le podemos añadir música, textura sensorial, arte, naturaleza. Se trata de acompañar al cerebro maduro a experimentar, más que a no sólo recordar.
Alimentar bien un cerebro maduro no es incrementar la cantidad de estímulos, se trata de la calidad de estos, de su riqueza, de su multidimensionalidad. En la madurez, ofrecer experiencias pausadas, diversas ventanas de oportunidad, cuidadosamente elegidas es lo que ayudará en el acceso a la información y al aprendizaje. Se trataría de alimentar no con muchísimos nutrientes, sino con pocos alimentos enriquecidos que sean fácilmente absorbibles. Pasear al alba, escuchar música agradable o acariciar una mascota dejan de ser un mero lujo para ser esenciales para la conservación de las capacidades.
Lo bueno, es que el acompañamiento a la madurez no solo es bueno para nuestros mayores, sino para todas las partes implicadas en experimentar la belleza. Logramos incluso la transformación en nosotros mismos, los acompañantes. Debemos disminuir el paso, ser cuidadoso en las elecciones y mirar con intención. Y en esa experiencia compartida, ambos, quien es acompañado y quien acompaña, resultan mejor nutridos.
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Cada texto es una invitación a detenerte un momento y escuchar tu propio ritmo.
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